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lunes, 14 de junio de 2010

Reencuentro en Virgen de Lujan

El Comedor Virgen de Luján fue nuevamente el lugar de encuentro entre algunos jóvenes extensionistas, conocidos bajo las siglas del J.E.I., y varios niños y niñas de un barrio ubicado en Gran La Plata, teniendo en cuenta una cita pactada quince días antes.

Las actividades organizadas por el grupo se basaron, en un principio, en el repaso de la visita anterior, a la que los niños sorprendiendo a los extensionistas, respondieron con exactitud.

De esta manera, conformes con los resultados obtenidos, los Jóvenes en Interacción dieron inicio a la definición del derecho a la salud. Para lograr la atención y dar una fácil explicación del tema se organizó un juego, conocido bajo el nombre de “el juego de la montaña”. Este juego consistía en completar casilleros con letras hasta formar diferentes palabras que tuviesen relación con el tema, y a medida que lo hacían un “hombrecito” iba subiendo escalones hasta llegar a la cima.

Cuando los casilleros estaban llenos y la palabra estaba formada se les pedía a los niños que expresaran lo que esta palabra les generaba o les deba a entender. Como de costumbre, la timidez callaba a los niños, pero la intervención y ayuda de los adolescentes impulsó una charla productiva.

Una vez finalizada esa actividad estaba previsto comenzar con otra, un tanto menos teórica, que tenía que ver con representar el cuidado higiénico diario mediante una obra de teatro en la que participarían todos. Pero el horario jugó una mala pasada y la actuación tuvo que ser suspendida para la próxima reunión.

En su lugar, se les otorgó a cada uno de los jovencitos un librito donde estaban los derechos aprendidos hasta el momento y sus respectivas responsabilidades, para que coloreen y de esta manera hagan un repaso individual.

Así la reunión llegó a su fin, los coordinadores trajeron la leche y torta para que los chicos se alimenten, lo que dio lugar a una nueva despedida de los extensionistas.

Sacha Lechner

Un sábado especial

No nos levantamos como cualquier otro día, éste tenía algo especial, algunos con experiencia, otros no, pero la sensación era la misma. “Hoy hacemos nuestra presentación en el comedor”, otra cosa no pasaba por nuestras cabezas.

Era la hora de la verdad, no sabíamos si las reuniones y el hecho de juntarnos a decidir las actividades eran suficientes para llevar acabo esta función, pero las ganas y el entusiasmo no cesaban.

El reloj marco la hora de partir hacia Virgen de Lujan, y así el recorrido comenzó. Lu, conocida como la chofer oficial del grupo, se encamino a buscarnos en los diferentes puntos de encuentro, el principal era El Dardo Rocha, ubicado en 7 y 50.

Ya eran las tres de la tarde cuando, tras varios minutos en auto, arribamos al comedor y los niños que se encontraban esparcidos por el barrio, algunos en sus casas, otros en las cercanías del establecimiento, comenzaron a acercarse al lugar tras notar nuestra llegada.

Una vez todos reunidos en el patio del comedor, Lu, Mimi, Lala y yo, sorprendidos por la cantidad de niños que los recibían con sonrisas y alegría, nos presentamos junto a nuestro proyecto. Les explicamos cuales eran nuestros planes y objetivos y les preguntamos si ellos querían ser cómplices de nuestras actividades. Para nuestra alegría se entusiasmaron y nos respondieron con un si.

En ese momento nos dimos cuenta de que juntos podríamos lograr algo muy bueno y dimos inicio al producto de nuestras reuniones y juntadas.

El hecho de que nos encontráramos frente a niños de varias edades, desde siete a trece años, hizo que comencemos con una explicación básica desde el principio. “¿Qué significa derecho?” Fue la primera pregunta, luego lentamente, con explicaciones y definiciones, fuimos internándonos en el derecho a una identidad.

La timidez de los jovencitos nos vio obligados a inventar un juego para que se suelten, y así poder entender este derecho en conjunto. El juego que utilizamos consistía en hacer una ronda y pasarse una pelota, el que recibía el balón debía presentarse y darse a conocer y luego pasarla para que lo hagan sus compañeros.

Con este juego los niños comprendieron el derecho, y también aprendieron la responsabilidad que este conlleva, la de respetar las formas de ser de los demás y de no discriminar, ya sea por ser otro país o religión, y sobre todo no burlarse de los demás con sobrenombres que hieran los sentimientos.

Una vez finalizada esta actividad, los coordinadores del comedor llamaron a los niños a tomar la leche acompañada por una porción de pan dulce. Nos quedamos charlando con ellos mientras merendaban hasta que llego la hora de irnos.

Ya eran las seis de la tarde, y el sol comenzaba a caer, después de varios besos y abrazos nos despedimos con la promesa de volvernos a ver quince días más tarde.

Sacha Lechner